translations from the Spanish by Thomás Rothe
A few precise words
drain simple truth into a palm basket
and inhale rumors, the clearest passion for language.
Facing the sea, Caliban lowers his head
while he accepts the downpour
in front of his only love.
The young poet discovers a yellow-backed finch,
perched on his brother Manuel’s forehead,
on the ancient sand of dreams.
Caliban weeps before Odysseus’ fleet of ships
and, in the real light of a woman, trembles
like those fawns who brought him
“she who strikes from afar”, below the Achilles tendon.
Roberto, free, joined by his own shadow,
wanders in his everyday palace,
while he seeks a door out
to another new possibility.
Roberto, free, like never before.
The stars, above, seek his transparency
before the hills:
The towers, already risen.
The old word is the beginning of life.
The new word is the beginning of death.
The words are mother and father and the fortune
of globetrotters. Caliban hears
and touches these words.
Caliban understands them and hugs them tenderly,
along with that boy’s trembling body
mounted, on his innocence, on his word
pure and audacious,
on a horse in La Víbora.
El Cerro, August 2, 2016
Calibán, y Roberto,
sobre un caballo de La Víbora
Unas palabras exactas
vierten su pura verdad en un catauro isleño
y solo aspiran el rumor, esa limpia pasión por el idioma.
Frente al mar, Calibán baja la cabeza
mientras acepta el aguacero
ante su único amor.
El poeta joven descubre al tomeguín,
anclado sobre la frente de su hermano Manuel,
sobre la antigua arena de los sueños.
Calibán llora ante las naves de Odiseo
y, ante la cierta luz de una mujer, tiembla
como esos cervatillos que le entregara
«la que hiere de lejos», bajo el talón de Aquiles.
Roberto, libre, junto a su propia sombra,
deambula en su palacio cotidiano,
mientras busca la puerta de salida
hacia otra nueva posibilidad.
Roberto, libre, como nunca jamás.
Los astros, en lo alto, buscan su transparencia
frente a las colinas:
Las torres, levantadas.
Un cántaro, a lo lejos, empuña la flor de veinte siglos:
La palabra vieja es el inicio de la vida.
La palabra nueva es el inicio de la muerte.
Las palabras son madre y padre y ventura
de los trotamundos. Calibán las escucha
y las toca.
Calibán las comprende, y las abraza con ternura,
junto al temblor del niño aquel
montado, en su inocencia, en su palabra
pura y audaz,
sobre un caballo de La Víbora.
El Cerro, 2 de agosto, 2016